De horas y horarios de trabajo

De horas y horarios de trabajo

Gonzalo Botas

25 de diciembre de 2019

De horas y horarios de trabajo

A vueltas con los horarios laborales, su mero planteamiento demuestra lo equivocado del debate.

De cuándo en cuando y de cuánto en cuánto. Digo cuánto y digo cuando con toda la intención del mundo. En lo que atañe a relaciones laborales España sigue en el siglo XX, pero no en los 90s sino muy al principio, en los 20s del XX. Jornadas extensas que influyen negativamente en todo, en productividad, vida, ocio, familia, salud, natalidad. Sí, digo natalidad con toda la intención del mundo, pero también digo algo tan clave como la integración definitiva de la mujer en el mundo laboral.

Quizá no nos hayamos dado cuenta que presentamos tres características muy negativas en lo que atañe a nuestros similares en occidente. Baja natalidad, insatisfactoria integración de la mujer en el mercado laboral y horarios largos, larguísimos.

No preconizo que racionalizar los horarios sea la panacea, que lo vaya a resolver todo. Pero creo que, si somos capaces de racionalizar nuestros horarios lograremos efectos muy beneficiosos para nuestra sociedad.

En primer lugar, creo que nadie duda que la jornada laboral partida, estilo español, tiene mucho que ver con la existencia de amas de casa, lo que ya no existe. Nuestras madres, al menos las del común y ya tengo unos años, estaban en casa y la comida durante los “días de semana” formaba parte de la vida familiar. Hoy forma parte de la “vida social” y casi nadie come en casa. Y casi nadie aprovecha esas dos largas horas.

Aún así, mantenemos unos horarios laborales que no encajan con casi nada, pero impiden casi todo. 9-2 y 4-8 (esas son nuestras 40 horas semanales).

Los horarios escolares de nuestros hijos cada día más cortos, que llegan a casa, o terminan su jornada escolar, mientras sus padres siguen trabajando. Antes no pasaba nada, las madres estaban en casa, ahora no, ahora las madres también trabajan.

Tenemos esas dos horas que para nada sirven, con media o así para comer iríamos sobrados.

Nos incorporamos a las cuatro de la tarde, cuando medio mundo está pensando en terminar su jornada, ya sin ganas de hacer nada y con las administraciones cerradas desde las dos o tres de la tarde.

Terminamos a las siete y media u ocho de la tarde, ya sin tiempo para hacer nada, pues en otoño e invierno, las falta de luz sólo anima a volver a casa, o a consumir algo de alcohol. No hay tiempo tampoco para ninguna actividad un poco más …

En esa tesitura, lo normal es que no existan alicientes para nada, familia, hijos, estudios; todo es incompatible con nuestro horario.

En segundo lugar, unos horarios homologables a media Europa implican aprovechar el tiempo de trabajo y disfrutar de más tiempo para el ocio, la familia, el deporte, el estudio, el “dolce far niente” o sacarse la pelusa del ombligo, lo que cada uno quiera.

Empecemos con los horarios escolares, si la muchos terminan a las dos o tres de la tarde, y otros a las cuatro y media o cinco, carece de sentido que los padres (progenitores se dice ahora) salgan más tarde. Saliendo a las 5 o a las 6 tendremos más tiempo de calidad con nuestros hijos para lo que queramos.

Tendremos tiempo de sobra para tener vida personal, dedicar tiempo a la familia, estudiar, hacer deporte, salir con los amigos, ir de bares; obras sociales, etc. Un sin fin.

Dicho así, me resulta un tanto extraño que sigamos anclados en horarios antiguos que impiden compaginar lo personal y lo profesional. Y mas extraño aún, que no veamos que esta es la pieza clave para la plena integración de la mujer al mercado laboral. Si el problema de muchas es compaginar la vida en casa y la de fuera, la renuncia a una maternidad difícil o insatisfactoria por no poder hacer ambas cosas. No nos engañemos, no nos hagamos trampas al solitario, muchas mujeres renuncian a una carrera profesional por no poder compatibilizar; no nos pasemos de modernos cerrando los ojos a la realidad de la jornada reducida por maternidad, e incluso al propio puesto de trabajo.

Digo que si esa es la realidad de muchas mujeres -y lo es- todo mejoraría con horarios más compatibles, mas racionales. Porque con esos horarios además, también los hombres estaríamos más en esa vida familiar, y también en casa se igualaría.

Finalmente, aunque no lo último, porque quizá sea lo más importante; no es que racionalizar los horarios sea una necesidad, es que en el mundo de hoy (y más en el que viene) los horarios de trabajo extensivos no son necesarios en la mayoría de los puestos de trabajo; y en muchos, ni siquiera los horarios.

Se llama productividad, y consiste en sacar adelante tu tarea, tu encargo, tu trabajo; los profesionales lo sabemos bien. Frente a esto seguimos con una dialéctica equivocada. Hablamos de tele-trabajo y no nos damos cuenta que seguimos pensando en fichar y en hacer más o menos horas, cuando se trata de sacar adelante tu tarea.

Unamos a ello una pequeña reducción de jornada, no hace falta llegar corriendo a trabajar 4 días, y contribuiremos también a luchar contra el paro.